Experiencia NaNoWriMo 2017

Experiencia NaNoWriMo 2017

Este 2017 ha sido el segundo año que participo en el NaNoWriMo, el evento internacional de escritura que consiste en escribir 50 000 palabras en los 30 días del mes de noviembre. He vuelto a ganar; me llevo otro diploma y, al menos, media novela avanzada. Sin embargo, este año comencé con unas expectativas más altas que el año anterior, y lo vivido durante el evento, me ha dejado un sabor agridulce.

El año pasado comencé el evento con una novela que partía de un relato. Ese relato me sirvió de guía para escribir las primeras líneas y marcar el camino del resto de la historia. Este año, la novela no partía de un solo relato, sino de cuatro, y de unos personajes que ya llevaban tiempo en mi cabeza. Es una historia que cuenta, en clave de humor y a través de relatos cortos, las peripecias de tres niños de diez años a lo largo de un curso escolar.

El mes de octubre lo dediqué a preparar la trama de cada capítulo. En un principio, para una extensión total de 60 000 palabras, dividí la novela en 24 capítulos de 2500 palabras cada uno, mínimo. Tenía un esquema general de todos los capítulos y, aparte, una sinopsis con anotaciones de cada uno de ellos, para no dejarme nada en el tintero y despreocuparme de posibles bloqueos cuando me pusiera manos a la obra. Me organicé el trabajo de manera que alcanzara a escribir un capítulo por día, es decir, unas 2500 palabras diarias. Según mis cálculos, superaría el reto de las 50 000 palabras el día 24 de noviembre. El año pasado me planteé hacer unas 2000 palabras al día y terminé la madrugada del 29 al 30, viéndome obligado a desarrollarlas en varios maratones.

Este año, mis expectativas era más altas que las del año anterior, pues mi idea era superarme. Pero llega el 1 de noviembre y con él, los problemas. Las expectativas del resto de participantes, por lo general, también han sido muy altas. Hablo de personas que el día 5 ya llevaban casi la mitad del objetivo del NaNoWriMo lista. Vamos, que a mediados de mes, tendrían su reto cumplido. La parte negativa de esto es quererse equiparar a esos participantes, igualar su ritmo o sentirse frustrado si no lo conseguimos.

A esto hay que sumar los primeros resfriados del año, las gastroenteritis estacionales y demás enfermedades de las que, por suerte, me he librado, si bien mi familia no puede decir lo mismo. Hay que destacar también el cansancio y el sueño, dos factores que desde el inicio del evento los he cargado en mi espalda hasta que, consciente de mi incapacidad para seguir el ritmo, tuve que rendirme varios días y bajar el volumen de palabras o dormir una o dos horas más.

Esto me ha influido bastante a la hora de sentarme delante del ordenador y ver cómo pasaba el tiempo sin que la escritura fluyera. Resoplidos continuos, enfados conmigo mismo y desconcierto. Teniendo una guía minuciosa sobre la que construir una historia, no entendía cómo era posible que no encontrara las palabras adecuadas con las que conectar los acontecimientos. Aún así, no me puedo quejar, ya que las 50 011 palabras totales con las que superé el reto, corresponden solo a 10 de los 24 capítulos previstos. Y me atrevería a decir que a la hora de revisar, no voy a tener que borrar mucho texto innecesario. Esto es un punto a mi favor.

El otro gran inconveniente que he tenido y que casi me hace tirar la toalla, ha sido una avería en mi ordenador. Ya el día 2 me asusté cuando encendí el ordenador y la pantalla aparecía como desconectada. Al tercer intento, todo quedó en eso, en un susto, pero a mediados de mes, cuando me quedaban por escribir unas 20 000 palabras, el error se repitió. Me puse blanco. Ya me veía sin ordenador y sin NaNoWriMo. Tuve que desmontar el ordenador, descartar que el error fuese de la pantalla, hacer pruebas y más pruebas hasta llegar a la conclusión de que el fallo quizá esté en la tarjeta gráfica. Harto de desmontar el ordenador y cada día no saber si llegaría a completar el reto, opté por dejarlo encendido día y noche hasta que terminara noviembre, y ya entonces le buscaría una solución.

En general, quitando los bloqueos continuos, los fallos del ordenador y la incertidumbre de si aguantaría hasta logar el objetivo, y el sueño y el cansancio, las impresiones de este NaNoWriMo han sido buenas. Obtuve el diploma el día 25, tras un maratón de 24 hora seguidas. Exceso de cafeína para resistir sin que los ojos escocieran ni el cuerpo me mandara a la cama. Lo cierto es que lo disfruté, aunque no es algo que recomiende, salvo en ocasiones muy puntuales, debido al estado mental con el que uno termina. Uno puede llegar a ver cosas que en realidad no existen, y eso es un problema si no te puedes acostar recién terminado el maratón. Aún hoy, una semana después del final del evento, no he podido volver a mi rutina habitual de sueño, de escritura ni de lectura. Me tomaré con calma el mes de diciembre, para recargar pilas, y en enero empezar a saco con la planificación establecida.

Y a trabajar duro este año, que si para el próximo NaNoWriMo llego a tiempo con el worldbuilding de mi saga fantástica terminado, comienzo a escribirla en noviembre.

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